Audiolibro Mp3 - John LeCarre - El amante ingenuo y sentimental
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Audiolibro Mp3 - John LeCarre - El amante ingenuo y sentimental
Idioma: EspañolFecha: 12-12-2007
Categoria: Otras Categorias

Aldo Cassidy, «arquetipo arquitectónico del varón inglés de la clase media educado en escuelas de pago», es un monótono ciudadano y próspero industrial que pasó por Oxford y que aplica todo su ingenio a perfeccionar de un modo rentable el funcionamiento de los cochecitos y sillitas para niños. Quizá su drama estribe en su éxito económico, que le ahoga, ese vivir aburrido por el dinero y sin más aliciente que la dosis de esnobismo que se permite comprar. En su vida hay también una esposa histérica y pedante, dos hijos, una suegra, un padre excéntrico y vagas inclinaciones adúlteras que sofoca en cines pornográficos. Esos infiernos conyugales, como tantos hay en las novelas de Le Carré, aunque siempre mostrados rápidamente por resquicios de la narración, son en él un círculo dantesco muy peculiar: horribles y salvando muchas apariencias de respetabilidad, el tedio y la incomprensión entronizados como ídolos hogareños que exigen reserva, paciencia y buenos modales. Aldo y Sandra viven así en un clima tenso y estúpido en el que parece influir cierto contagio social. A su alrededor no hay otros ejemplos, los padres de ambos fueron también parejas disparatadas, y los amigos componen un extraño museo de relaciones asfixiantes. Una apetecible secretaria que está esperando la primera insinuación del jefe, una rubia divorciada que disimula intenciones lujuriosas tras la máscara de amiga de la familia, un compañero de trabajo homosexual, una cuñada jovencita que da facilidades para el incesto, un matrimonio «exuberante y traidor», que con el pretexto de la medicina cree poder dar soluciones a todo. Éste es su horizonte, que la terminología de hoy calificaría de frustrado o represivo, pero que podría llamarse simplemente idiota. Hasta que su existencia es barrida por un ciclón que Aldo Cassidy acoge en el acto como una fuerza destructora que le libera. Conoce a un bohemio, Shamus, grosero y borracho, tal vez un genio incomprendido de la literatura, pero en cualquier caso un genio indiscutible en el arte de atormentar, humillar y pisotear a burgueses insatisfechos e intranquilos. Entre los dos surge una relación sadomasoquista teñida de homosexualidad latente (otro tema muy de Le Carré, siempre asomado a la cuestión homosexual aunque sin querer adentrarse en el tema), que tiene como un extraño sabor a libertad. Y entre los dos hombres, Helen, la compañera de Shamus, completando un disparatado triángulo amoroso que transforma al protagonista. La supeditación a Shamus inicia una ventolera erótica que sacude toda la novela con un furor rabioso, encarnizándose con aquellos simulacros de felicidad con los que Aldo había amueblado su vida. Le Carré, desquitándose de los ajustadísimos argumentos a que le obliga el género de espionaje, se lía la manta a la cabeza y nos arrastra a una zarabanda casi surrealista en la que cuesta distinguir los hechos reales, de tan revueltos como están con sus fantasmas interiores, sus deseos inconfesables. La diminuta y encogida realidad del pequeñoburgués esnob salta hecha añicos ante esa intrusión del capricho, de la arbitrariedad total en el vivir y el pensar. Luego el frenesí pasa y todo vuelve a su sitio. La pesadilla horrible y dichosa se esfuma, Cassidy recae en su apacible atonía, se instala de nuevo en su situación confortable y catastrófica; se acuesta esporádicamente con la rubia divorciada, acude a la biblioteca «a la que también iban muchachitas al salir de la escuela», frecuenta de tapadillo un sórdido cine para públicos rijosos y elementales. Todo vuelve a ser real. El lector, que tal vez esperaba una historia más directa y explícita, si no de agentes secretos, tiene que encajar ese humor con el que Le Carré se ensaña con casi todo, y sin duda sin olvidarse de sí mismo; porque hay muchas cosas que suenan a intimidad en esos ataques devastadores, como si no pudiera seguir viviendo y escribiendo novelas de espías sin haberse tomado esta venganza que le ahogaba.
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